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Encuentran volcán activo muy por debajo del hielo de la Antártida

Hallan volcán activo debajo del hielo de la Antártida

Su descubrimiento se dio gracias a la detección de temblores en la región de Marie Byrd Land.

Un grupo de sismólogos dirigido por Douglas Wiens, de la Universidad de Washington , han descubierto un volcán en la región de Marie Byrd Land, situada en las tierras altas del oeste de la Antártida. El descubrimiento se hizo a partir de la detección de una serie de terremotos de baja magnitud - el mismo tipo de los que ocurren antes de erupciones volcánicas.

 

Los investigadores ya han descartado que estos temblores hubieran sido ocasionados por terremotos de hielo glacial, movimientos o actividad tectónica dada por  profundos y largos períodos de vibraciones. Además estos temblores sucedieron cerca del límite entre la corteza y el manto de la Tierra, lo que acentuó aún más la posibilidad de que estuvieran relacionados con actividad volcánica.

 

El volcán descubierto se encuentra media milla (800m) por debajo del hielo. La región de Marie Byrd Land de por sí cuenta con registro de numerosos volcanes que se hallan alrededor de la costa y en alta mar, pero es la primera vez que se confirma actividad volcánica tan lejos de tierra. Los temblores ocasionados por este volcán ocurrieron a una profundidad de 15 a 25 millas (25 a 40 km) por debajo de la superficie de la sub-glacial.

 

Según los científicos involucrados en esta investigación, para un volcán que se ubica debajo de hielo, al momento de una erupción, el magma subterráneo abrirían nuevos caminos a su paso y provocarían fracturas en la tierra, lo que daría lugar actividad sísmica. En caso de que ocurriera una erupción volcánica grave, se especula que habría un rápido derretimiento del hielo y un dramático aumento de los niveles del mar.

 

Una imagen de radar también reveló una capa enterrada de cenizas de hace 8.000 años y evidencia de pequeños flujos de magma debajo del hielo.

 

Link: io9

El agua más salada del mundo se encuentra en: El Lago Don Juan

El agua más salada del mundo

 

Si quieres bañarte en aguas realmente saladas, huir del tópico de que en el mar Muerto es donde encontrarás más porcentaje de sal. En realidad, el agua más salada de la Tierra es la del lago Don Juan, en los valles secos del noroeste de la Antártida: tiene dieciocho veces más sal que el agua de mar y el doble que la del mar Muerto. Esto es aproximadamente 500 gramos de sal por litro de agua.


Bien, en realidad el lago Don Juan es solo una charca con una profundidad inferior a los quince centímetros. Pero esta agua contiene tal porcentaje de sal (un 40 por ciento) que, a pesar de que la temperatura ambiente es de unos -50 grados, el agua no se congela.


Las condiciones de salinidad impiden que allí prospere la vida: eso sí, hace años, los primeros investigadores sí que lograron detectar unas algas verdiazules que albergaban bacterias, levaduras y hongos, pero ya se extinguieron por motivos que se desconocen.

 

El agua más salada del mundo 2

 

Si prefieres rebozaros en sal, entonces nada como el mayor salar del mundo: el de Uyuni, en Bolivia, que fue formado a partir de un lago prehistórico de tamaño considerable. 12.000 kilómetros cuadrados posee la superficie de este desierto que se parece a un lugar arcádico situado en el más allá.


Además, a orillas de este inmenso desierto de sal, casi tan reflectante como un espejo (el espejo natural que origina la sal ligeramente humedecida por una finísima capa de agua supera en cinco veces la reflexión ofrecida por la superficie del océano), siempre podrás hospedarte en un hotel construido enteramente por sal: el Luna de Sal. El suelo, el techo, las paredes, las sillas, las mesas, los sofás, los taburetes, y hasta la barra del bar. Todo sal.

Hoy hace 100 años en la Antártida... Así muere un valiente y un caballero

Nunca he visto a alguien caminar con más gallardía hacia la muerte que a nuestro compañero Oates. Hoy ha ofrecido su vida, en el más estricto sentido de la palabra, por darnos una oportunidad de sobrevivir. Nuestra última oportunidad
Cómo poner en unas pocas frases el sentimiento de admiración que sentimos por nuestro compañero Oates, el capitán Oates, al que nos referíamos de tantas maneras: el soldado, Titus, el granjero… pero siempre con el respeto y afecto que se supo ganar con la discreción que le caracterizaba.
Desde hacía días sabíamos que no podía más y que, aunque hubiesen llegado los perros, su fin era cierto. Y si en estos días nos ha dado un ejemplo de cómo soportar con entereza sus atroces dolores, hoy nos lo ha dado de cómo anteponer el bien común a su propia vida.
Anoche parecía que había llegado su fin, y cuando se durmió creía, todos creíamos, que no volvería a despertarse. Pero los designios del Altísimo son inescrutables y se despertó. Sabía que no le abandonaríamos, ya nos lo había propuesto ayer y nos negamos, aunque eso significó un nuevo retraso en nuestra desesperada marcha.
Hoy no quiso entrar en discusiones. Se aproximó a la entrada de la tienda y nos pidió que se la abriésemos, tenía sus manos tan congeladas que no podría haberlo hecho por sí mismo.
Luego, con naturalidad, nos dijo: “Voy a salir. Puede que tarde un poco”. En el exterior rugía una ventisca que le envolvió y le condujo a su última morada. No creo que exista mejor mortaja para un explorador polar.
¿Qué podríamos haber hecho? ¿Disuadirle? ¿Negarnos a dejarle salir? Sabíamos que iba a la muerte, pero también sabíamos que era un acto de valentía, el sacrificio propio de un caballero por sus compañeros.
Así que, comprendiendo la trascendencia de su acto, le dejamos salir despidiéndole con la mirada y rogando que seamos capaces de enfrentar la muerte con su mismo espíritu.
Poco después, aprovechando que la ventisca, saciada con su sacrificio, disminuyó de intensidad, levantamos el campamento y seguimos la marcha con el corazón encogido.
Poco después la ventisca arreció y tuvimos que volver a acampar. Dios quiera que el sacrificio de nuestro compañero no haya sido inútil y, sí no es así, que, al igual que él, no nos dejemos vencer por el desaliento, nosotros seamos capaces de seguir hasta donde podamos.
Edward W. Walton para el Strand Magazine, sobre la Barrera, a 80º02’S.

¿El Everest es el punto más alto de la Tierra?

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El Everest está considerada la montaña más alta del mundo, con 8.848 m. (en 1852, con los medios de la época, el bengalí Radhanath Sikdar, que trabajaba en el servicio de Topografía Trigonométrica de la India colonial, estableció su altura en 8.840, teniendo en cuenta factores como la curvatura de la tierra, la refracción atmosférica y la desviación de la plomada… solo se equivocó de 8 metros).

Pero ¿el Everest es el punto más elevado de la Tierra?

Depende cómo definamos ese término. La definición corriente de altura se establece por encima del nivel del mar (según esta definición no cabe duda de que el Everest es lo más alto de lo más alto). Sin embargo, hay personas que quieren tocar las narices aduciendo que el punto más alto debería medirse en relación al centro de la Tierra. En ese caso, hay que tener en cuenta que la rotación terrestre crea en el Ecuador una protuberancia de unos 22 km.

Bajo esta nueva definición, pues, el punto más elevado del planeta sería el Chimborazo (Ecuador), que queda a menos de un grado del Ecuador. Solo tiene 6.310 m de altura por encima del nivel del mar, pero gracias a esta protuberancia, al medirse desde el centro de la Tierra, gana 2.100 m más.

Acerca de esta polémica, Robert Matthews señala lo siguiente en su libro ¿Por qué la araña no se queda pegada a la tela?:

Con independencia de su lucha geodésica, por lo que yo sé el Everest sigue sin tener rival como mirador del planeta. La regla general para calcular la distancia al horizonte es tomar nuestra altitud por encima del nivel del mar en kilómetros, extraer su raíz cuadrada y multiplicar el resultado por 113. Dado que el Everest se levanta sólo 4.000 m por encima del terreno que lo rodea, ello podría afectar a las vistas que se tengan desde la cima. Sin embargo, el terreno del sureste se precipita lo suficiente como para garantizar una visión ininterrumpida de unos 338 km desde la cumbre. Los efectos de la refracción atmosférica podrían incluso aumentarlos hasta unos 380 km más.

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